17.5.12
Oscars 2006
Hace diez días que me ato las manos para no escribir sobre los premios Oscar. Lo siento, no puedo evitarlo. Ya el hecho de que la cartelera cinematográfica desde diciembre no exhiba más que las películas nominadas, no dándole oportunidad ni al cine periférico ni al cine nacional, es suficiente motivo de disconformidad. Esperemos que con suerte Tsotsi, la Mejor Película Extranjera, o La marcha de los pingüinos, el Mejor Documental, sean exhibidas.
Esa premiación, tan orientada hacia lo comercial y tan ignorante de lo que el cine tiene de arte, define la cinematografía que nos seguirán mostrando, y que nosotros, consumidores cinefilíticos empedernidos, seguiremos consumiendo.
No cabe duda de que estos premios, desde hace años, muestran su decadencia. Cada edición me pregunto: ¿cómo es posible que la Mejor Película (Crash, que no está mal, aunque es rápidamente olvidable) sólo comparta el Mejor Guión y el Mejor Montaje, pero que no cuente con la Mejor Fotografía (Memorias de una geisha, que sí suma el Mejor Vestuario y la Mejor Dirección Artística, o sea, una belleza de forma, no mucho de contenido), ni los Mejores Actores (Actriz: Johnny y June y Actor: Capote, único rubro que aplaudo), ni –lo que es más grave– Mejor Dirección (El secreto de la montaña, un golpe a los testículos de la virilidad norteamericana), entre otros premios.
Las pochocleras King Kong (remake desprovisto de la carga sensual de su primera versión, con efectos especiales actualizados y una interminable persecución que bien habría podido ser una escena de Jurassic Park y haber durado la tercera parte de lo que dura) y La guerra de los mundos (que no aporta nada nuevo a la primera versión) obtuvieron, como era de esperar, los Mejores Efectos Visuales y Especiales.
Esta edición, más que otras, pareciera la entrega de unos premios consuelo, para que todo el mundo quede contento, menos quienes se animan a criticar el sistema, como lo hacen las grandes perdedoras: Munich y Buenas noches, y buena suerte.
En sus clases, Iván Feo decía que el director de cine debe tener el talento de conducir a un grupo de artistas, talentosos también ellos, cada uno en su especialidad, a la manera de un director de orquesta. Pero este año, como ha sucedido antes y, seguramente, seguirá sucediendo, pareciera que las partituras han sido cambiadas.
Liliana Sáez
Publicado originalmente en Kinephilos, 14 de marzo de 2006.
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