17.5.12
Oliver Twist (Roman Polanski, 2005)
¡De qué manera aterradora Hollywood nos engulle! Algo así como la escuela de The Wall, donde los niños son procesados por una espantosa maquinaria que arroja como resultado seres clonados física e intelectualmente. Ver Oliver Twist hoy en Buenos Aires implica escuchar comentarios sobre el aburrimiento que ha producido en muchos de sus espectadores. Claro, no hay efectos especiales abrumadores ni un montaje que bombardee los sentidos.
Aparentemente, la crítica es que Polanski ha envejecido; que esa historia no cuenta nada nuevo hoy en este rincón del tercer mundo, donde la pobreza es moneda corriente; que ha dejado de lado sus personajes torturados y sus atmósferas agobiantes. ¿Quién dijo? Polanski sigue siendo el mismo de siempre. El joven que con dos amigos y un ropero compuso un cortometraje que le permitió realizar su primer largo; el mismo que era festejado por su extraño humor en El baile de los vampiros y ¿Qué?; el mismo que sumaba personajes atormentados como el de Repulsión o el de El inquilino; el mismo que con tres personajes componía un drama en alta mar... siempre el mismo.
Hoy Polanski presenta Oliver Twist, una historia de Dickens (quizá la Joanne Rowling de su infancia). ¿En qué los ha traicionado el bueno de Roman? En nada... El tipo creció en un ghetto, es una herida que lleva consigo allá donde vaya, así sea en Cuchillo en el agua como en Cul-de-sac; así sea en Repulsión como en Luna de hiel. En todas está presente la claustrofobia. En todas, el/los personajes no pueden salir de un espacio, de una situación, de una relación... ¿Algo más gráfico que La doncella y la muerte?
Polanski es más coherente que nunca con este Oliver Twist. Por un lado, porque revisa su pasado; por el otro, porque sigue hablándonos de sus mismos fantasmas de siempre; por otro, porque lo hace con maestría, como el auteur que es.
¿Que ya no utiliza los planos inclinados, las atmósferas agobiantes, los personajes que sufren sin que sepamos por qué? Las atmósferas de Oliver Twist no nos dan descanso sino por algunos segundos (los escasos en que Oliver habita la casa de su benefactor). La riqueza (obviamente no material) de los personajes se apoya en incomprensibles dicotomías (el hombre que cura a Oliver es quien lo entregará para que sea asesinado; el ladronzuelo que condena al amigo por delator, a su vez delata a su amiga; el bruto que ama a su perro no duda en hundirlo en el río mugriento).
Si has visto las películas de Polanski te vas a dar cuenta que sigue siendo el mismo. Le encantan los efectos encontrados. En Cuchillo en el agua, tres personajes están al aire libre, pero rodeados de un mar tan inmenso, que se encuentran encerrados en una situación que pareciera no tener salida. En Repulsión, la joven Carol no logra salir de su casa, donde las paredes cobran vida, donde los espejos le muestran otra realidad. En El bebé de Rosemary, en pleno Manhattan, una joven está sola, presa de una situación endemoniada. En El baile de los vampiros, es todo un pueblo el que vive aterrado por la presencia de esos seres. El propio Macbeth vive atrapado por una situación que lo atormenta. ¿Más ejemplos? ¿Acaso en Tess la joven no está encerrada en una situación social aparentemente sin salida? ¿En Frantic el personaje puede salir de ese país donde desconoce todo y le impide moverse para buscar a su mujer secuestrada? ¿Acaso Oliver Twist puede escaparle a su destino?
Esa última es LA pregunta... Siempre Polanski ofrece una solución. Siempre hay una salida. Pero hasta que llegamos allí, te hace parir junto con el personaje. Yo no creo que Polanski esté viejo y recurra a sus lecturas infantiles (podría decirse eso de Piratas y del caso que nos ocupa), no creo que Polanski haya dejado a sus personajes torturados, acomplejados y retorcidos. ¿Acaso su Fagin (Ben Kingsley) no es la nueva adquisición de su galería de personajes? Seguro le dan la bienvenida Carol, Rosemary, Macbeth, Trelkovsky (El inquilino), Tess, Evelyn (Chinatown), Richard Walker (Frantic), Oscar (Luna de hiel), Paulina (La doncella y la muerte), Dean (La novena puerta) y Wladyslaw Szpilman (El pianista).
Polanski no está viejo. Sólo es que no se acompleja por poner en la pantalla sus fantasmas ni sus sueños. Y yo lo aplaudo.
Liliana Sáez
Publicado originalmente en Kinephilos, 12 de enero de 2006.
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