9.9.12

24° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

El 7 de noviembre se inauguró el por varias veces interrumpido Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en su 24° edición. Creado en 1954, no tuvo continuidad sino hasta 1959, cuando la  Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films (FIAPF) le otorgó la categoría A, que ostenta con orgullo como único en Latinoamérica.

Sin embargo, en esta edición ha dejado de lado las directrices de la FIAPF para permitirle concursar a películas que ya habían perdido su cualidad de inéditas. Así que para algunos no hubo muchas sorpresas este año, en que la organización del festival tuvo un recorte presupuestario bastante importante, por lo cual no contó con el acostumbrado elenco de invitados internacionales que suelen darle glamour a la edición. Para quienes vamos a ver películas y a descubrir talentos, eso no tiene mayor importancia, aunque las ruedas de prensa y las entrevistas sí podrían haber enriquecido la información sobre las distintas películas.
El certamen ofreció tres niveles de competencia: internacional, latinoamericano y argentino. Llamó la atención la cantidad de cintas hispanohablantes en la primera de las categorías. Paralelamente, se llevaron a cabo actividades referidas a la producción, a la crítica y a la proyección en 3D. Nosotros hemos cubierto una selección de la más que latina Competencia Internacional  y de Panorama, que ha demostrado un altísimo nivel. A saber...

Cinco días sin Nora. El Astor de Oro fue adjudicado al film de la directora mexicana Mariana Chenillo. Una película que ya venía premiada, lo cual contradice el espíritu de la categoría del festival. Se trata de una historia de humor negro, correctamente filmada, con detalles cuidados y personajes parejos... Aunque uno de los temas que trata es el de la religión y todos los intereses que se mueven a su alrededor (la fe, las tradiciones, la posición económica y social, etc.), podemos decir que no desbarranca y mantiene su pulso. El personaje que le da el título al film apenas aparece. Sin embargo, estará presente durante toda la película. El ritual que ha ideado se llevará a cabo cueste lo que cueste. Durante cinco días conoceremos a todos los que han rodeado a Nora en vida, y se develarán sus tortuosas relaciones. La escena inicial de la puesta de la mesa recuerda el comienzo de La edad de la inocencia (Martin Scorsese). Es que la película bebe de esa fuente de inspiración, aunque aquí no exista el narrador que explique el cinismo de la familia. Un film correcto, cuidado, con cierto sentido de humor, al que, a nuestro modo de ver, le falta algún condimento para que se vuelva trascendente. Quizá los premios recibidos vengan a llenar esa falencia

Vikingo, el film del argentino José Celestino Campusano, que se llevó la Primera Mención, roza lo bizarro, con esa historia doblemente marginal de la pobreza y lo tribal urbano, propio de los "motoqueros". Esa fauna que se reúne a la vera de los caminos, en campamentos donde están presentes el asado, la cerveza y la música metalera. Lejos de los motociclistas norteamericanos, de cabellos largos, vinchas hippies y mucho músculo, los de Campusano son buscavidas que en sus ratos de ocio hacen de la salida motoquera un ritual del clan, en el que incluyen a sus mujeres e hijos, así como a sus mascotas. El Vikingo tiene una familia y una pasión: su moto. Aguirre, su nuevo amigo, aparece en su historia para poder justificar un modo de ver la vida, ya sea por sus largas conversaciones de hombres solos, al lado de los "fierros" o acompañados por una cerveza (insistente intercambio publicitario con una famosa marca), Aguirre es la "oreja" que escucha de los valores de Vikingo o de sus limitaciones en la educación de un sobrino que "se le escapa de las manos". La violencia juvenil, la droga, el alcoholismo, la violencia hacia las mujeres... serán contrastados con los verdaderos valores del noble Vikingo y el misterioso Aguirre: la amistad, la familia, el honor, y esa lucha por la supervivencia bajo un sistema de vida que les da libertad, aunque por otra parte, los condene. Las mujeres funcionan como bienes de uso, más que como compañeras de vida. Los hijos son presencias veladas, seres con un futuro incierto, jóvenes que caminan al borde de la cornisa... Con algunas cuotas de humor en una historia de seres desdentados, oscuros, parias que se unen para disfrutar su ocio, ahogando las penas en el alcohol y la música, con unas mujeres que intentan divertirlos, pero que están a años luz de las modelos publicitarias y con una estructura confusa, donde los flashbacks, distribuidos a lo largo del film, apenas funcionan hacia el final, para componer el misterio de Aguirre, Campusano ha logrado transmitir con sinceridad la realidad grotesca que viven estos seres suburbanos. Hay sinceridad en esta obra con actores no profesionales, con locaciones reales, con pasiones auténticas, cuya temática casi parece obsesiva, si atendemos sus cortos Ferrocentauros (1991), Culto suburbano (2000) o Legión, tribus urbanas motorizadas (2006).

Mal día para pescar, del uruguayo Álvaro Brechner, cuenta la historia de dos buscavidas perdedores. Jacob von Open, el boxeador alemán con escasa capacidad mental y músculos exagerados y su representante, un avivado español que se hace llamar Príncipe. Si bien el film plantea desde el principio su desenlace, nos restringe cierta información que modificará su lectura. Los arreglos para el triunfo de Jacob en una pelea que será definitiva no darán el resultado esperado y se complicará el plan ideado por su promotor. Brechner desarrolla su discurso con corrección acerca de la famosa viveza criolla que tiene como trasfondo la bondad de los personajes y una noble causa. La vida en un pueblo pequeño, con sus habitantes sencillos, así como la simplicidad de las cosas, que se oculta detrás de la ambición aparentemente desmedida, le darán a Brechner material suficiente para componer una historia aparentemente trágica con un delicado sentido del humor. No desentona en el conjunto de la competencia, pero tampoco llega a un nivel como para obtener más premio que el otorgado a su gracioso y talentoso actor español: Gary Piquer.

 El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabío, se llevó los aplausos del público en su exhibición y un justo Premio de Jurado y Premio del Público. Es que esta comedia cubana repasa la situación de la isla, a través del retrato pintoresco de una familia que se cree acreedora de una herencia dejada por un antepasado "maiamero". Con diálogos hilarantes y una interpretación pareja, presenciamos esta pintura del sueño cubano de tener un nivel de vida menos deteriorado. Una galería de personajes nos muestra las distintas caras de esa Cuba resistente al bloqueo que sufre desde hace medio siglo: la pareja que necesita espacio propio, el revolucionario que desconfía de todo lo que no sea del Estado, los jóvenes con su amor a flor de piel, los parientes ricos y los pobres, los encumbrados y terrenales, los que tienen contactos políticos y los que carecen de ellos... Todos luchan por lo mismo, dejando en evidencia la aspiración de poseer algo que les pueda asegurar una mejor vida, un mejor futuro, pero sobre todo, un mayor brillo a su apellido. La Habana luce como detenida en los años 50, pero con el deterioro del tiempo pasado. Paredes descascaradas, cañerías rotas y a la vista, trapos que intentan marcar un territorio de intimidad o un techo que se cae y golpea a los habitantes. La Habana, como su gente, como Cuba misma, ya no da más. Hacen falta aires nuevos y la herencia podría ser perfectamente, una metáfora del levantamiento de ese boicot que la ha suspendido en su historia. Entre la tradición y el afán por sobrevivir, entre sobrevivir y resurgir, estos personajes muestran aquello que quizá haya dejado esa revolución: el espíritu mancomunado, la lucha persistente, el recuerdo de un tiempo mejor. Políticamente correcta, El cuerno de la abundancia nos introduce en ese clima cálido, en el bullicio caribeño, en el caos alegre, en ese "despelote" que Tabío tan bien ha logrado transmitir. Una pena que hacia el final, en la disparatada lucha por tener el control de su futuro, el curso del film se salga de cauce y nos deje alborotados, mareados, aunque sonrientes, con tanto desmadre.

 La vergüenza, del español David Planell, nos habla de uno de los temas recurrentes en los filmes exhibidos en el festival (sobre todo en las secciones paralelas), el de la maternidad. La acción se reduce, en su mayoría, a interiores de la casa de una pareja, donde se discute su aptitud como padres de un niño adoptado. Pero no es sólo ese el tema que confrontan con la visitadora social, sino también la inmigración, la maternidad, las exigencias de las responsabilidades, el egoísmo y la libertad. La figura del niño será el centro alrededor del cual funcionarán las distintas líneas narrativas, dándole al film un carácter multifacético centrado en un entorno cerrado y a través de la conversación entre tres personas. Ese triángulo permitirá mostrar los distintos lados de lo que aparecerá más como un poliedro que como una figura plana, lo cual se agradece. Si bien las actuaciones son irregulares (destacándose especialmente Marta Aledo como la visitadora social y Alberto San Juan como el padre postizo), el film adolece de algunas incorrecciones como saltos de eje o desequilibrio entre lo que sucede en torno a la madre biológica del niño y la pareja adoptante. Con una resolución posible, Planell nos pasea a través del film por los distintos argumentos que se suelen tejer en torno a la responsabilidad parental.

Eden a l'ouest es una road movie en tono de comedia ligera con trasfondo social y crítica política. La última película de Costa Gavras nos habla sobre la inmigración en Europa. Si bien, aparentemente, el film navega las aguas (nunca mejor dicho) de la comedia, dando una sensación de superficialidad, en los aspectos más secundarios de la trama, podremos encontrar el sesgo crítico de este autor, que se ha caracterizado y sobresalido por su cine de denuncia (no podemos olvidar sus Missing, Z o Estado de sitio). Los altercados que sufre Elías, que desembarca en las islas griegas y se dirige a París (no se nos dice de dónde viene, lo cual no tiene ninguna importancia, pues los distintos visitantes obligados que recibe Europa, sean del Este, de Asia, de África, de Latinoamérica... deben pasar situaciones semejantes), a veces disparatados, no dejan de proponernos una lectura más ácida sobre el rol de cada uno frente al prójimo, su respeto, su honorabilidad y su necesidad. El mundo de los hoteles lujosos, del trabajo ilegal, la estafa, la subestimación, el desprecio... pero también el amor casual, la solidaridad, la comprensión... son distintos sentimientos con los que se encontrará nuestro personaje. Si bien en el mundo ha triunfado el capitalismo, y con él, la democracia, no es eso lo que vemos en las situaciones que viven estos seres que llegan en busca de un mejor vivir en las metrópolis que alguna vez los han colonizado.

 Away we go, la última película de Sam Mendes incursiona en la temática de la maternidad en el mundo que vivimos. También estamos ante una road movie, en este caso es una pareja embarazada que busca dónde establecerse. Así irán visitando a lo largo y ancho de Norteamérica a sus familiares y amigos, para descubrir que ninguno es apto para tenerlos de vecinos. Así, recorren Chicago, Alaska, Phoenix, Tuckson, Madison, Miami... donde encuentran familias naturistas, conflictuadas, despreocupadas, impotentes... para llegar a la conclusión que la paternidad les toca a ellos y sólo son ellos quienes tendrán que hacerle frente, con su inexperiencia -como lo han comprobado- propia. Las distintas secuencias nos pasean por un muestrario de familias modernas, funcionales, disfuncionales, responsables, inmaduras... para llegar a la conclusión de que no hace falta nadie para ser padres. Sólo la voluntad de encarar la responsabilidad que viene. Si existe un mensaje, ese es el que nos propone Mendes en su film, y lo hace instalando la alegría en el espectador, quien descubre que al reírse de las distintas situaciones, se está riendo de sí mismo, pues el muestrario de familias es tan amplio, que todos encontrarán dónde identificarse.

Castaway on the Moon, de Lee Hey-yun, aunque inspirada en un gastado Robinson Crusoe, esta fábula coreana moderna del aislamiento en un mundo copado por los aparatos electrónicos para facilitar la comunicación, nos alegró la vista/vida. Una historia (una más) de encuentros y desencuentros, donde el apabullante mundo de altos edificios, automóviles y tecnología no impiden el aislamiento como accidente y la supervivencia como necesidad última y primera del hombre. La búsqueda de una solución en un mundo que despersonaliza a los seres humanos cada vez más, les permite a un hombre y a una mujer encontrar la solución a sus temores. Aunque en el film haya referencias a Cast Away (Robert Zemeckis, 2000) y a La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954), con una puesta en escena moderna y vistosa, dos personajes magníficos, de los cuales vamos a saber muy poco, y una historia que podría escribirse en dos líneas, Lee Hey-yun compone la película más original y esperanzadora del festival.

Un prophete, la multipremiada cinta de Jacques Audiard elevó el nivel de la muestra. Esa historia del encierro en la cárcel, del tráfico de influencias, del paso del poder de mano en mano, de pequeña sociedad dentro de un espacio limitado, marcó un punto alto en la selección de los organizadores. La película de Audiard brilla por esos espacios azules y blancos, por la interpretación soberbia de Tahar Rahmin y ese universo en constante peligro en el que debe moverse el personaje de Malik.

Moon, la esperada película de Duncan Jones pisó finalmente pantallas argentinas y tuvo gran éxito de público. La historia de ese androide que convive consigo mismo en el interior de una base espacial acompañado de un robot con expresiones de emoticones ha revivido en sí misma una cantidad de filmes referenciales -Alien, Blade Runner o 2001, una odisea espacial, entre otros-, proponiendo una historia que no tiene nada de original, pero que condensa y actualiza la problemática de un futuro incierto para el planeta Tierra.

Publicado originalmente en El Espectador Imaginario, diciembre 2009

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