5.6.12
Shi mian mai fu (Zhang Yimou, 2004)
Yo no sé si es excesivo, inverosímil o fantasioso... Puede serlo, pero en este caso no me importa. Zhang Yimou apareció en mi vida cuando vi Sorgo Rojo y me dejó absorta con sus imágenes y trastocada por la historia. El drama que me contaba me pegó contra la butaca y terminada la función no podía salir de la sala... necesitaba unos minutos para que todo lo que había visto y me había contado pudiera irse conmigo.
Luego vi la maravillosa y no menos dramática Linterna roja, que me conmovió porque hablaba de las mujeres en la China feudal... pero también de otras mujeres, en otros sitios del mundo. No podré olvidar los laberínticos pasajes entre las distintas habitaciones de la casa, ambientes cálidos y rojizos; ni el recorrido por los techos en una atmósfera fría y azul, antes de llegar al desenlace de la historia.
Qui Ju ya era otra cosa. Interpretada también por esa mujer hermosa y excelente actriz que es Gong Li, estaba ambientada en la actualidad, mientras las dos precedentes nos hablaban de una época remota, en que las cosas no eran muy justas. Tampoco aquí, donde una mujer debía salir en busca de una vida diferente ante la enfermedad de su esposo. Duro camino el que ha ido recorriendo la mujer, y tanto La linterna roja como Qui Ju lo registran.
Luego de mucho tiempo sin ver algo de este director, que junto a Chen Kaige (otro que merece un apartado en este blog) y otros realizadores prestigiosos integraba lo que se llamó la Quinta Generación de cineastas chinos –que comenzaron a filmar al finalizar la Revolución Cultural y se dieron a conocer en Occidente en los festivales, a pesar de los constantes problemas políticos que intentaban imperdirlo–, tenía pendiente una película que estrenaron hace algún tiempo, pero que no había podido ver.
Dos personajes rodeados por ejércitos (literalmente) de figurantes, dos historias con un tercero en cuestión. La belleza física vestida con ropajes hermosos y sofisticados; los ambientes, en su mayoría exteriores, clasificados por color; planos y movimientos de cámara audaces; la música, bellísima; una historia dramática y romántica...
El bosque de bambúes con su verde característico, sus troncos muy altos y el follaje casi inalcanzable. Paralelas verticales que rompen el horizonte, que se doblan pero no se quiebran, que permiten el vuelo (literal, nuevamente) de los personajes que luchan por su vida. El árbol que servirá de arma, de escondite, de salvación, de trampa.
La mentira, el amor, la pasión, los celos... El egoísmo, la traición, la culpa... El sacrificio... Casi nada. Todo eso, aunque haya momentos en que uno no se crea lo que sucede, es La casa de las dagas voladoras.
Nuevamente, Zhang Yimou deja imágenes impresas en mi retina. Nuevamente me toma de aliada con esa música envolvente o esos silencios interminables. Algunos dicen que este director se reblandeció. Casi estuve de acuerdo cuando vi Heroe, cuya propuesta estética es lo único que pude rescatar en aquel momento. Sin embargo, creo que sigue contándonos historias intensas con imágenes sorprendentes. Y cada vez lo hace de una manera diferente, renovándose, reinventándose como creador.
Liliana Sáez
Publicado originalmente en Kinephilos, 16 de junio de 2007.
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