17.5.12
Volver (Pedro Almodóvar, 2006)
Hace un mes que fui a ver Volver... hace un mes que no puedo procesar otra película sin que sus imágenes se interpongan en mi pensamiento. Porque Volver apela a tus recuerdos, a tus experiencias, a tus fantasmas.
Historia de mujeres, donde los hombres que aparecen son sólo pretextos, desencadenantes del drama, seres al margen, sin profundidad, sin complejidad, sólo esbozos, simples referencias para la revisión, ¿para el perdón?, de los afectos y de los traumas de esas mujeres que se reúnen para exorcizar sus fantasmas. Y con los de ellas, también los del espectador, porque a través del humor y del sentimentalismo, Volver es una película catártica.
Volver revisa las relaciones entre mujeres, donde los roles se superponen: la madre, la hermana, la hija, la amiga…; y sus características se intercambian: la protección, el compañerismo, la fragilidad, la ternura, los celos, el reclamo, la animosidad... En esencia, Almodóvar nos brinda una historia donde brilla el humor, que es el espíritu con el que nos vamos de la sala. Volver toca fibras sensibles, pero a la vez, te deja con una sonrisa. Ya no es el exasperante humor misógino de ¿Qué he hecho para merecer esto? o Mujeres al borde de un ataque de nervios, pues hay mucho amor en el armado de estos personajes.
Raimunda, la mujer que lleva adelante la casa donde viven su marido desocupado y su hija adolescente, es interpretada por una Penélope Cruz que recuerda a algunos personajes encarnados por Sofía Loren en las películas italianas de los 60. Cruz compone una mujer plena en su madurez, cuya fuerza le agrega condimento a su belleza. Su hermana, Sole (Lola Dueñas), una peluquera soltera que intuye la presencia de la madre muerta, un fantasma real que revuelve recuerdos, miedos, rabias y frustraciones. Y el secreto familiar que devela la vecina, Agustina (Blanca Portillo), permite la revisión de los sentimientos alimentados durante toda una vida.
Debo reconocer que nunca me creí los personajes interpretados por Penélope Cruz en sus otras películas, pero en ésta brilla gracias a la dirección de Almodóvar. Carmen Maura, en su rol de fantasma (o no), ofrece un personaje de la talla que se espera de ella. Sin embargo, la que captó mi atención fue Agustina, quizá porque el autor la atosiga de pesar, una mujer que se va agotando en un pueblo que pareciera no ofrecer más futuro que los quehaceres domésticos y la visita dominical al cementerio. Sola, bondadosa, vive esperando la develación de una historia familiar que hasta ahora ha permanecido, literalmente, en un silencio sepulcral.
Raimunda y Agustina son contemporáneas, han compartido una niñez en el mismo barrio y en el momento en que las encontramos vemos en paralelo dos ¿vidas? muy distintas. Mientras Raimunda, su hermana y su hija viven en Madrid, Agustina se ha quedado en ese rincón de la Mancha. Su aspecto casi ascético contrasta con la voluptuosidad de Raimunda.
Claramente, Volver es una película almodovariana, por sus colores, por su música, por los personajes, por los temas y por la esencia de los sentimientos que convoca. Es que Volver es un retorno a la infancia, a la familia, al barrio, al dolor, al amor. También lo es por el desborde, principal característica del director manchego. No le alcanza contar una situación extrema… ¡necesita dos!, no le basta con endilgarle el traje pesado de la soledad a uno de sus personajes, ¡le pone encima el innecesario de una enfermedad terminal!
La vida y la muerte son temas recurrentes en Volver. La vida en la figura de Raimunda, en los colores de sus ambientes, en la profundidad de su mirada, en la decisión de sus actos... La muerte en la figura del fantasma, en el cuerpo enfermo de una mujer, en el pueblo que se detuvo en el tiempo... A alguien le escuché decir que la vida no se escribe en borrador, pero Volver propone una nueva oportunidad para corregir, para decir, para plantarse ante la muerte y desafiarla, para que no sea la muerte la que nos calle. Es que mientras estamos vivos podemos expresarle al otro los sentimientos que nos inspira. Volver no es sólo regresar al sitio que nos vio nacer, sino que es el retorno a la inocencia para, desde allí, recomponer los borrones que dejamos en lo que llevamos de vida.
Liliana Sáez
Publicado originalmente en Kinephilos, 6 de septiembre de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario