17.5.12
La vida secreta de las palabras (Isabel Coixet, 2005)
Sábado después de feriado, casi domingo. Una tarde calurosa en Buenos Aires me empujó a la sala refrescante del cine. En la cartelera se disputaban mi atención dos películas: Los infiltrados (Scorsese) y La vida secreta de las palabras (Coixet). Del primero lo he visto todo. De la segunda sólo he leído acerca de su obra anterior. No lo dudé mucho. Me atrapó el título de la película de Coixet.
Vi una historia chiquita, de dos seres muy solos reunidos en el medio de la soledad más abismal. Una plataforma petrolera en medio del océano, golpeada por no sé cuántos millones de olas contadas una a una por dos de los personajes: ¿Ociosos? No, entrenados. ¿Entrenados en la soledad? ¿en las matemáticas? Pues no lo diré. Tendrán que verla para saberlo.
Esa isla de acero, donde convive un grupo de hombres de distintas nacionalidades, está detenida en su trabajo de extraer petróleo de la profundidad del océano. Un accidente ha dejado aislados a esos hombres en un territorio que han hecho suyo combatiendo la desesperación como mejor han podido. Allí llega Hanna, un ser misterioso, muy misterioso, a cuidar al único accidentado que ha quedado de una explosión. El otro, ha muerto.
Hanna también es un ser aislado, con una soledad que acentúa al desconectar su audífono para sordos. Su misterio se irá develando a lo largo de la película, y no sólo a través de la relación que pueda establecer con el enfermo, sino con las distintas situaciones que vivirá en esa plataforma instalada en el medio de la nada.
Debo reconocer que cuando elegí esta película esperaba encontrarme con alguna de las dos variantes que suelen darse en este tipo de historias: pensé que me encontraría con el famoso cuento de la mujer que ansía tener al hombre todo estropeado a su merced, porque esa es la única manera de mantenerlo a su lado, tipo Misery; o, quizá, la historia romántica que surge entre el condenado a muerte por una enfermedad y quien lo cuida, como es el caso de Mar adentro (y ya sé que esta película trata más que de eso).
Pues no, me encontré con alguien que me hablaba, sí, ME hablaba. Me contaba con una sutileza increíble una historia chiquita donde la víctima aparente puede resultar el victimario, donde hay una verdadera víctima... Una película que me hablaba, más allá de la soledad y de la incomunicación, del dolor, de la culpa, de la intolerancia, de la imposibilidad de expresar directamente las causas de ese dolor...
Más allá del desenlace de la historia, que puede ser significativo para muchos, pero para mí resultó intrascendente, no porque no me diga nada, sino porque me quedé con las imágenes y con el tratamiento de los personajes (que no son sólo dos) en esa isla, porque Coixet me atrapó con unas atmósferas íntimas, a veces, frías o cálidas, otras, en las que no hacen falta las palabras, porque la historia se va contando sola, con los gestos, con las costumbres de cada uno de estos seres solitarios, con los olores... El olor... no sé si otra vez estuvo tan presente, sin la necesidad de efectismos inútiles.
Dos días después fui a ver la película que tenía pendiente: Los infiltrados. Sigo a Scorsese desde mi adolescencia. Me gusta cómo cuenta sus historias. Su discurso, contundente. Aquí no deja que guardes una imagen, cuando ya tienes la siguiente borrándola de un plumazo. Ese bombardeo de planos, sonidos y acciones brutales no lograba sacar de mi cabeza las otras imágenes que había dejado Coixet.
Han pasado dos días más y La vida secreta de las palabras me late internamente. Es que me habló con una pronunciación suave, con una entonación inflexiva, pronunciando frases incompletas, respetando mi tiempo de asimilarlas para dejarme formar cada idea. Porque Coixet no lo dice todo, ni siquiera lo sugiere. Te da las frases a medias, para que termines de armarlas a tu ritmo y con lo que llevas en tu mochila de la vida. Las comparaciones son odiosas, pero me pasó todo lo contrario con Los infiltrados, donde el discurso se impone en voz alta, de manera brutal, hablando desde un ego que no le hace caso al otro.
Coixet TE habla... ME habla.
Liliana Sáez
Publicado originalmente en Kinephilos, 13 de diciembre de 2006.
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